GEOPOLÍTICA DEL MUNDO ACTUAL
DEL MUNDO BIPOLAR AL MULTIPOLAR
En la actualidad todo el planeta forma parte de un conjunto económico estrechamente relacionado, un MUNDO GLOBALIZADO, con nuevas técnicas de producción, innovaciones financieras, rapidez de los transportes y modernos medios de comunicación de masas, los que hacen de nuestro mundo un espacio empequeñecido e interrelacionado.
Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, socialismo y capitalismo lucharon por imponerse en el mundo, dando origen al MUNDO BIPOLAR. Comenzó así un período denominado Guerra Fría, que se caracterizó por un estado de tensión permanente entre dos bloques antagónicos liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética. En el plano político-ideológico el bloque liderado por EEUU defendía la democracia, la libertad y la iniciativa privada, en cambio el bloque liderado por la URSS defendía el socialismo y la propiedad estatal de los medios de producción.
El mundo quedó dividido de la siguiente manera:
Primer Mundo: países occidentales capitalistas.
Segundo Mundo: La URSS y los países satélites de Europa Oriental.
Tercer Mundo: los países que integraron el movimiento de Países No Alineados (Asia Meridional, África y América Latina). Esta denominación comenzó a ser utilizada como sinónimo de pobreza y desde esta perspectiva el mundo se dividía en países ricos y pobres o desarrollados y subdesarrollados, también denominados Centros y Periferias.
Este orden internacional rigió hasta 1989, cuando los acontecimientos políticos producidos (la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética), pusieron fin a la Guerra Fría y nos enfrentaron a una nueva organización del mundo u orden internacional, denominado MUNDO MULTIPOLAR, cuyos centros de decisión política y económica a escala mundial son Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, que constantemente intervienen en los conflictos locales que se producen en el resto del mundo.
Hoy el socialismo pervive en muy pocos países y el mundo está dominado por el capitalismo. Las grandes empresas multinacionales de los países desarrollados, extienden sus actividades y controlan los mercados de todo el planeta.
Este nuevo orden mundial es una reestructuración en la organización de los espacios geográficos y sus principales características son:
• La población está organizada políticamente en Estados, que en su mayoría han adoptado regímenes políticos democráticos.
• Las empresas multinacionales dominan la producción mundial.
• Creciente deterioro ambiental. (desertificación, erosión de los suelos, cambio climático global, contaminación, escasez de agua, etc.)
• Marcadas disparidades entre países ricos y pobres.
• Formación de bloques (los países se integran para afrontar en conjunto los problemas que presenta la economía mundial) Ej. MERCOSUR, Unión Europea.
• Los países en desarrollo y con economía más débil están afectados por la explosión demográfica y el crecimiento incesante de las ciudades, lo que provoca marginalidad y desocupación.
• Intensas corrientes migratorias.
En el mundo actual hay graves conflictos aún sin resolver como conflictos bélicos, étnicos, violación de los derechos humanos, falta de reconocimiento de las minorías, en especial de las poblaciones indígenas, discriminación, inseguridad, hambrunas, separatismos y regionalismos, desempleo, pobreza, enfermedades globales, etc.
sábado, 6 de agosto de 2011
Lecturas sobre relaciones Norte-Sur
LECTURAS SOBRE RELACIONES NORTE-SUR
Reflexiones geopolíticas
RELACIONES NORTE-SUR
Abordar sintéticamente las relaciones entre el así llamado Norte del Planeta y el Sur, conlleva una primera definición que, de todos modos, no deja de ser una catalogación para facilitar la explicación de ciertas temáticas como la de la deuda, por ejemplo. Mirar el planeta desde el punto de vista de las relaciones Norte y Sur es una de las muchas formas que existen para leer fenómenos actuales como la globalización y la interdependencia existentes en nuestro planeta.
Podríamos hablar de primer mundo y tercer mundo, o de países ricos y empobrecidos, o de centro y periferia, pero nos limitaremos a conceptualizar esta definición añadiéndole matices para que no se limite la visión del mundo sólo al parámetro geográfico. Por Norte del mundo se entiende el área que correspondería a Europa, Estados Unidos, Japón y Australia. Por Sur se entiende en sentido geográfico el sur del planeta: América Latina, África y Asia (excepto Japón).
Aunque se haga referencia a estos conceptos hay que destacar también que no se trata de contenedores asépticos: existen, en nuestras ciudades del Norte, zonas periféricas, donde se encuentran bolsas de pobreza, de conflictos sociales y de marginación, que podrían tener las mismas características que zonas del Sur empobrecidas. De la misma manera, en los países del Sur existen élites y franjas muy restringidas pero privilegiadas de la población, que viven según los estándares del Norte, y que de acuerdo con ello, están interesadas en mantener ciertos status quo. Así que, cuando hablamos de desequilibrios dentro de las relaciones Norte y Sur, existe también una relación directa entre los actores, en ambos sitios, que acaban perpetuando ciertas situaciones. El interés económico y de ganancia que tienen, les conducen a querer perpetuar unas relaciones desiguales e insostenibles entre los distintos Nortes y Sures existentes.
Historia de las Relaciones Norte-Sur
Históricamente las relaciones entre el Norte y el Sur del Planeta no se han desarrollado en condiciones de igualdad. Si observamos como Europa y Japón, primero, y Estados Unidos, más tarde, han ido influyendo en el resto del mundo y abriendo camino más allá de sus fronteras, nos daremos cuenta que la relación entre estas dos áreas del planeta no ha podido ser de iguales desde el principio. Tanto en el continente Latinoamericano (con la conquista iniciada por los Estados español y portugués), así como en el continente Africano (con olas de penetración colonial portuguesa, francesa, británica, belga y holandesa, siglos más tarde) se pudieron instaurar relaciones basadas en la expoliación de recursos y explotación de seres humanos, así como políticas de sometimiento y asimilación cultural. Estas ‘políticas’ han dejado de lado toda una civilización tradicional, originaria, a cuesta de la predominancia de una sola civilización occidental: es lo que Serge Latouche llama “Occidentalización del mundo”. Occidentalización que ha tenido y tiene unos claros vencedores y vencidos: si en 1820 la relación de ingresos entre el 20% más rico del planeta en relación al 20% más pobre era de 3 a 1; en 1870 de 5 a 1; en 1920 de 7 a 1; en 1960 de 30 a 1; en 1980 de 60 a 1 y en el 2000 de 80 a 1. Ese 20% de población más enriquecida tiene el 82% de los recursos y principalmente vive en el Norte, aunque no exclusivamente: también en las capitales de los países del Sur. Más adelante en el tiempo, después de las dos guerras mundiales que azotaron al mundo en la primera mitad del Siglo XX, el panorama podría haber cambiado con la fundación de la Organización de Naciones Unidas, en abril del 1945, cuando se pensó que las relaciones entre los Estados, en general, serían más equitativas. En aquel momento se proveyeron órganos internacionales de discusión y pacificación de controversias, órganos que ayudarían a los estados africanos o asiáticos a salir de la colonización (como fue el Consejo de Administración Fiduciaria de la ONU). Se pensó también en un marco económico internacional, llamado marco de Bretton Woods, que se creó en 1944, el cual daría origen al Grupo del Banco Mundial (como banco de reconstrucción y desarrollo), al Fondo Monetario Internacional (como órgano de estabilización financiera internacional) y al Acuerdo General sobre Comercio y Tarifas (GATT, por sus siglas en inglés, General Agreement on Tariffs and Trade), padre de la futura Organización Mundial del Comercio que nacería en 1995. Aunque ésta podría haber sido una oportunidad histórica para que todos los Estados hubieran podido participar abiertamente y sin discriminación para conseguir el pleno desarrollo de sus pueblos, eso no se produjo. La reunión de Bretton Woods fue una nueva repartición del poder entre las potencias económicas, de la que sobresalía la hegemonía ya imperante, por aquel entonces, de los Estados Unidos de América. Europa Occidental, gracias al plan Marshall auspiciado por la potencia norteamericana, se recuperó del conflicto mundial, cosa que no sucedió con África, Asia o Latinoamérica.
Inicio de la actual crisis de la deuda externa
A finales de la década de los 60 los EEUU entran en una crisis económica debido a la pérdida de competitividad de sus productos en el escenario internacional (lo cual origina un importante déficit comercial, ya que empieza a importar más de lo que exporta). A ello se une que la Casa Blanca se ve embarrancada en una guerra sin tregua al comunismo, en ese momento en Vietnam (guerra que originó un enorme déficit presupuestario en las arcas norteamericanas). El doble déficit, comercial y presupuestario, obliga a la administración Nixon a romper la baraja del ‘equilibrio’ financiero devaluando por dos veces el dólar, la moneda de referencia en el sistema financiero internacional desde los acuerdos de Bretton Woods. Con ello se rompen las paridades fijas entre monedas y, de esta manera, los EEUU consiguen internacionalizar su crisis financiera interna. Crisis que no querrán acarrear los países exportadores de petróleo, los cuales, para compensar la devaluación del dólar, aumentan de manera exponencial el precio del petróleo en el escenario internacional. Con un petróleo mucho más caro, el mundo occidental entre en una crisis productiva sin precedentes que durará durante toda la década de los 70 y parte de los 80. Por su parte, los países exportadores de petróleo, invaden los bancos de los dólares conseguidos por el elevado coste del crudo. Estos ‘petrodólares’ no pueden invertirse en las economías del Norte debido a la crisis imperante.
Así las cosas, la banca privada necesita un nuevo mercado donde invertir: ¿dónde mejor que en un Sur ávido de recursos financieros para desarrollar sus economías? En ese momento pues, tanto la banca como los Estados del Norte prestan ingentes cantidades de dinero, los primeros para ‘reciclar’ esos petrodólares, los segundos con la intención de abrir nuevos mercados donde poder exportar y, así, poder salir de su crisis productiva. En los años siguientes este Sur endeudado se encontraría ya en una telaraña en la que empezaría a pagar en servicio de la deuda (retorno del capital más intereses) mucho más de lo que recibiría como Ayuda Oficial al Desarrollo. Así, por ejemplo, desde los 80 los países empobrecidos han pagado 7 veces lo que debían en 1980 y, sin embargo, la deuda se ha multiplicado por 4 veces, ya que principalmente lo que se han pagado han sido intereses sobre intereses de nuevos créditos que han servido para refinanciar una deuda anterior.
Los Planes de Ajuste Estructural y el Consenso de Washington
Ante una situación tan insostenible hubo algunos países que declararon no poder pagar la deuda, como México en 1982. La respuesta de la comunidad y los organismos internacionales fue la de renegociar las deudas a cambio de que los países endeudados aplicasen los Programas de Ajuste Estructural (PAE), que se ‘vendieron’ como la receta mágica que deberían ayudar a estos Estados a salir de la crisis causada por la espiral de la deuda. No obstante, los PAE no supusieron un efecto de mejora de las condiciones económicas de estos países, sino que acabó o no generando ningún efecto, o empeorando las ya inestables condiciones macroeconómicas de los países.
Las políticas macroeconómicas que se adoptaron con los PAE encuentran su fuente de inspiración en los principios del así llamado Consenso de Washington que consisten en:
• disciplina fiscal, que garantice un excedente presupuestario;
• desvío de las prioridades del gasto público en dirección a las áreas más productivas;
• reforma impositiva encaminada a bajar las tasas de impuestos;
• liberalización de los mercados financieros;
• mantenimiento de tipos de cambio estandarizados y competitivos;
• liberalización del comercio, supresión de las contingencias y baja de aranceles aduaneros;
• igual tratamiento a las inversiones extranjeras directas que a las internas;
• privatizaciones;
• desregulaciones, también de los sectores con fines sociales;
• garantía de los derechos de propiedad.
Estos planes, aconsejados por el FMI y el BM, han constituido una forma de intervención en la política económica de los países del sur muy fuerte y condicionada sobre todo, a la concesión de préstamos y ayudas económicas. La diligente aplicación de estas medidas conllevó un aumento del endeudamiento por parte de estos países que siguieron necesitando créditos que se les otorgó por parte del norte y que tenían la finalidad de poder internacionalizar aún más sus propias economías.
Es de destacar que en este proceso no solo hay una élite del Norte que obliga, condiciona, acciona según sus propios intereses, sino que existe y ha habido una complicidad con las élites dirigentes del Sur, que para poder seguir manteniendo el poder y el control en sus propios países, han ofrecido su soporte y colaboración para la aplicación de recetas neoliberales y poderse, al mismo tiempo, enriquecer personalmente sin cambiar las condiciones económicas de sus poblaciones que siguen encontrándose en una situación de pobreza. Unos ejemplos: Suharto en Indonesia, Marcos en Filipinas, los generales Argentinos durante la dictadura.
No todo es limpio
Uno de los aspectos que caracterizan las relaciones desiguales entre Norte y Sur es el efecto que éstas conllevan en el medioambiente. Aunque se sabe que el Sur debe al Norte una enorme deuda externa, nunca se habla de la deuda ecológica que el Norte le debe al Sur por apropiarse de los recursos y por contaminar el medio ambiente. Desde el principio de la época colonial el Norte ha estado sistemáticamente expoliando los recursos a las entonces colonias, territorios que curiosamente hoy coinciden con lo que denominamos Sur.
El Norte no se ha planteado seriamente los impactos medioambientales de este expolio sistemático de recursos naturales. No ha incorporado en su economía las externalidades que conlleva el actual modelo de desarrollo al no querer considerar los impactos medioambientales relacionados con la implantación de industrias en áreas no contaminadas como son los parques nacionales, las reservas naturales o los bosques amazónicos, por no citar lugares únicos con una biodiversidad extraordinaria. Así como el Norte exige al Sur que le pague la deuda que es consecuencia de todos los créditos otorgados, de la misma manera el Norte debería restituir al Sur le enorme deuda ecológica, de la que es deudor, por el modelo de desarrollo que está imponiendo en cualquier rincón del Planeta.
No sólo por una cuestión histórica, sino que a raíz de los datos sobre el cambio climático y el calentamiento del Planeta, la preservación del medioambiente será crucial y ya lo es para la supervivencia no sólo de nuestra generación, sino que también para las futuras.
Gobernanza mundial
Actualmente, entre el Norte y el Sur no existe ningún mecanismo de restablecimiento de la equidad de relaciones entre estas dos partes del planeta. El Norte desarrolla su función de cerebro, dentro de un autómata global terrestre, dejando para el Sur que sea su cuerpo, que lo alimente económica y materialmente, sin tener ninguna consideración en la sostenibilidad del sistema, por no decir en proveer un bienestar más generalizado.
En el ámbito político internacional, la ONU está en crisis desde hace una decena de años. No es posible conseguir que se tomen decisiones para el bien de toda la comunidad internacional, ya que el proceso de debate está afectado por bloqueos debidos al sistema de vetos dentro del Consejo de Seguridad, y a la predominancia de los intereses de ciertos países sobre otros.
Aunque los países africanos, latinoamericanos y asiáticos hayan intentado cuajar, a lo largo de los últimos 50 años, la formación de un bloque de países del Sur, no se ha obtenido el efecto deseado. Han sido varios los intentos en el período de la guerra fría (1945-1989) como la formación de los países no alineados, durante la conferencia de Bandung en 1955, así como el liderazgo de Nasser, para citar algunos ejemplos. En los últimos años ha habido algunos intentos para hacer frente a los países del Norte, con Chávez y el ALBA, la Alternativa Bolivariana para América Latina, en la punta de lanza, intentando aglutinar a los países fuertes del área, como son Argentina y Brasil. Los resultados de esta iniciativa están aún por ver…
Modelos culturales exportados y alternativas
Con la Globalización se ha puesto en marcha todo un proceso de puesta al centro de una sola forma de desarrollo posible, que con el tiempo se ha visto acompañada de unas matices un poco contradictorias, como el paradigma de desarrollo sostenible. Aunque vivamos en un entorno donde el sistema capitalista ha actuado de manera que puede apropiarse de todo lo que se pueda comprar y vender, no se ha dejado el espacio para que cada población elija su propia manera de desarrollarse, obligando a todos lo países a sumarse al carro del neoliberalismo con sus relativas consecuencias.
No obstante existen movimientos sociales y corrientes de pensamiento que creen que se puede plantear y realizar otra forma de entender las relaciones entre el Norte y el Sur. En el continente latinoamericano se ha empezado a formar una coalición de Estados cuyos gobernantes tienen el objetivo específico de contrarrestar el modelo de desarrollo impuesto por Estados Unidos y el Norte en general, con un modelo propio de desarrollo local distinto, que varié según las variables locales. Venezuela y Bolivia han empezado a construir sinergias en el continente para poderse ayudar recíprocamente y proponer una alternativa a los tratados de libre comercio que desde hace tiempo Estados Unidos van proponiendo+ a estos países.
El ALBA, la Alternativa Bolivariana para América Latina, parece encontrar seguidores. El ALBA parece haber impulsado otros cambios en las relaciones del Cono Sur con el Norte: Argentina, Brasil y los países Andinos parecen haber tomado con más fuerza la decisión de oponerse a un modelo de desarrollo impuesto para apostar a un modelo que tenga en cuenta sus propias exigencias de impulsar el desarrollo de determinados ámbitos locales. Y precisamente ésta es una manera de plantear las alternativas a este tipo de relaciones entre estos dos lados del Planeta, intentar equilibrar las relaciones de fuerzas para que todo puedan expresar, con su propia voz y según sus necesidades, lo que quieren ser en futuro, como quieren desarrollarse, sin imposiciones o razones de Estado o de fuerza mayor.
De aquí surgen muchas propuestas para retocar lo existente o proponer nuevas ideas, de lo que ya está puesto en marcha se trataría de efectuar una cooperación al desarrollo que tenga más calidad, que se acerque más a las necesidades reales de las poblaciones locales, y no solamente a los del país donante; para contrastar el modelo nihilista del comercio a toda costa que minimiza aún más los costes, existe ya un tipo de comercio que se tiene que fomentar o por lo menos considerar los conceptos que plantea, de dignidad y de remuneración justa, para llegar para que todos los sectores dejen de explotar a gente durante la cadena productiva, el comercio justo y finalmente proponer un desarrollo que venga desde dentro de los países y
que no sea propuesto desde arriba después de muchas estadísticas, un desarrollo endógeno, que recoja las propuestas locales, de las comunidades, que se vaya dibujando a partir de la gente y para la gente misma.
Aunque no salga en las televisiones del Norte, las poblaciones del Sur nos han demostrado, especialmente las latinoamericanas, que se pueden revertir ciertos órdenes para poder exigir más libertad, dignidad y de poder decidir sobre sus futuros. Quizás esto sí que se debería exportar a nuestro Norte tan dormido y aficionado a mantener el status quo.
Eva Veroli
POBREZA Y DESIGUALDAD
MARÍA ANABEL GARCÍA NEILA
La pobreza no se entiende por igual en el mundo. Existe un Norte rico y un Sur pobre. Más de tres cuartas partes de los seres humanos viven en el Sur, con una renta por cápita muy baja. De ellos, más de 1000 millones de personas se encuentran en la pobreza absoluta: pasan con un dólar al día, padeciendo hambre y desnutrición.
La población de estos países tiene una esperanza de vida muy corta, alta proporción de analfabetismo, dificultad de acceso al agua potable, elevada mortalidad infantil y se enfrentan a enfermedades como la malaria y el SIDA.
Miles de ciudadanos de los países del sur emigran cada año hacia el Norte con la esperanza de salir de la miseria. Como inmigrantes realizan los trabajos que nadie quiere y tienen que enfrentarse además al rechazo y la xenofobia.
El problema de la pobreza está estrechamente relacionado con el problema de la desigualdad entre ricos y pobres. No es tanto una cuestión de escasez, sino de distribución injusta de la riqueza. Basta un dato para hacernos una ida de esto: los ingresos de los 1000 millones de personas más ricas del mundo son 150 veces mayores que los ingresos de los 1000 millones de personas más pobres del planeta.
Causas de la pobreza del Sur.
Muchos de los países de Sur no sólo son ricos en tradiciones culturales, sino también en abundantes recursos naturales, como petróleo, minerales, reservas forestales, etc ¿Cómo se explica entonces su pobreza económica? Ésta no se debe a un destino irremediable ni es un hecho inevitable. En buena parte es obra del ser humano. La pobreza del Sur es en parte consecuencia de un proceso histórico de exclusión y marginación política y económica del Sur. Determinadas decisiones políticas y económicas han sido tomadas por los países ricos del Norte en función de sus propios intereses sin tener en cuenta a los demás países. La riqueza de Norte se ha producido a costa del empobrecimiento del Sur. Entre las causas que han provocado o agravado la pobreza del Sur destacan:
Herencia colonial: hasta épocas relativamente recientes, la mayoría de los países del Sur han sido colonias dependientes políticamente de algún país del Norte. Los países colonialistas no estaban interesados en el desarrollo de sus colonias, sino en la obtención de materias primas para su industria. La economía actual de esos países no ha cambiado mucho a pesar de la independencia política.
El comercio mundial: se basa en un intercambio injusto y desigual: Las materias primas representan el 80% de las exportaciones des Sur, pero son las compañías multinacionales del Norte las que controlan el mercado y deciden los precios. El precio de las materias primas no ha dejado de bajar en los últimos 20 años. En cambio, el Norte vende sus productos industriales cada vez más caros y se protege de los del Sur por medio de aranceles muy elevados, marginando al Sur del comercio mundial.
La elevada deuda externa: la deuda de los países del Sur supone el mayor obstáculo actual para su desarrollo. Los países endeudados tienen que dedicar la mayor parte de los ingresos de sus exportaciones al pago de la deuda y de los intereses abusivos. El esfuerzo económico para pagar la deuda afecta a la población de estos países, pues los salarios son muy bajos, gran parte de la producción se destina a la exportación, restringiéndose el comercio interno, y se pueden dedicar muy pocos fondos a la sanidad o la educación.
Ante tan lamentable situación, los países del Norte tendrían que ayudar a los países del Sur, pero no es así; en realidad, el Sur da más al Norte que el Norte al Sur. El Sur paga elevados intereses por la deuda, capitales que se fugan hacia los bancos del Norte en busca de mayor interés y seguridad; el Sur sirve de almacén para los residuos de la industria del Norte; da grandes beneficios económicos para las empresas multinacionales del Norte; también da productos primarios y mano de obra para la industria muy baratos; y finalmente cerebros que huyen hacia el Norte ¿Qué da el norte al sur? Ayuda insuficiente, residuos industriales contaminantes, altos aranceles y barreras comerciales para proteger su industria, productos industriales y tecnología a precios muy altos y frenos a la inmigración.
Por todo lo expuesto, creo que se tendría que establecer un nuevo orden mundial económico y humano, basado en la cooperación y el interés común y con un objetivo principal: acabar con la pobreza y con la marginación del Sur. Esto no es una utopía , sino una necesidad cada día más apremiante frente a los crecientes peligros que amenazan la supervivencia común. Este nuevo orden mundial es necesario por razones de justicia, pero también para asegurar la supervivencia y el bienestar de todos.
Reflexiones geopolíticas
RELACIONES NORTE-SUR
Abordar sintéticamente las relaciones entre el así llamado Norte del Planeta y el Sur, conlleva una primera definición que, de todos modos, no deja de ser una catalogación para facilitar la explicación de ciertas temáticas como la de la deuda, por ejemplo. Mirar el planeta desde el punto de vista de las relaciones Norte y Sur es una de las muchas formas que existen para leer fenómenos actuales como la globalización y la interdependencia existentes en nuestro planeta.
Podríamos hablar de primer mundo y tercer mundo, o de países ricos y empobrecidos, o de centro y periferia, pero nos limitaremos a conceptualizar esta definición añadiéndole matices para que no se limite la visión del mundo sólo al parámetro geográfico. Por Norte del mundo se entiende el área que correspondería a Europa, Estados Unidos, Japón y Australia. Por Sur se entiende en sentido geográfico el sur del planeta: América Latina, África y Asia (excepto Japón).
Aunque se haga referencia a estos conceptos hay que destacar también que no se trata de contenedores asépticos: existen, en nuestras ciudades del Norte, zonas periféricas, donde se encuentran bolsas de pobreza, de conflictos sociales y de marginación, que podrían tener las mismas características que zonas del Sur empobrecidas. De la misma manera, en los países del Sur existen élites y franjas muy restringidas pero privilegiadas de la población, que viven según los estándares del Norte, y que de acuerdo con ello, están interesadas en mantener ciertos status quo. Así que, cuando hablamos de desequilibrios dentro de las relaciones Norte y Sur, existe también una relación directa entre los actores, en ambos sitios, que acaban perpetuando ciertas situaciones. El interés económico y de ganancia que tienen, les conducen a querer perpetuar unas relaciones desiguales e insostenibles entre los distintos Nortes y Sures existentes.
Historia de las Relaciones Norte-Sur
Históricamente las relaciones entre el Norte y el Sur del Planeta no se han desarrollado en condiciones de igualdad. Si observamos como Europa y Japón, primero, y Estados Unidos, más tarde, han ido influyendo en el resto del mundo y abriendo camino más allá de sus fronteras, nos daremos cuenta que la relación entre estas dos áreas del planeta no ha podido ser de iguales desde el principio. Tanto en el continente Latinoamericano (con la conquista iniciada por los Estados español y portugués), así como en el continente Africano (con olas de penetración colonial portuguesa, francesa, británica, belga y holandesa, siglos más tarde) se pudieron instaurar relaciones basadas en la expoliación de recursos y explotación de seres humanos, así como políticas de sometimiento y asimilación cultural. Estas ‘políticas’ han dejado de lado toda una civilización tradicional, originaria, a cuesta de la predominancia de una sola civilización occidental: es lo que Serge Latouche llama “Occidentalización del mundo”. Occidentalización que ha tenido y tiene unos claros vencedores y vencidos: si en 1820 la relación de ingresos entre el 20% más rico del planeta en relación al 20% más pobre era de 3 a 1; en 1870 de 5 a 1; en 1920 de 7 a 1; en 1960 de 30 a 1; en 1980 de 60 a 1 y en el 2000 de 80 a 1. Ese 20% de población más enriquecida tiene el 82% de los recursos y principalmente vive en el Norte, aunque no exclusivamente: también en las capitales de los países del Sur. Más adelante en el tiempo, después de las dos guerras mundiales que azotaron al mundo en la primera mitad del Siglo XX, el panorama podría haber cambiado con la fundación de la Organización de Naciones Unidas, en abril del 1945, cuando se pensó que las relaciones entre los Estados, en general, serían más equitativas. En aquel momento se proveyeron órganos internacionales de discusión y pacificación de controversias, órganos que ayudarían a los estados africanos o asiáticos a salir de la colonización (como fue el Consejo de Administración Fiduciaria de la ONU). Se pensó también en un marco económico internacional, llamado marco de Bretton Woods, que se creó en 1944, el cual daría origen al Grupo del Banco Mundial (como banco de reconstrucción y desarrollo), al Fondo Monetario Internacional (como órgano de estabilización financiera internacional) y al Acuerdo General sobre Comercio y Tarifas (GATT, por sus siglas en inglés, General Agreement on Tariffs and Trade), padre de la futura Organización Mundial del Comercio que nacería en 1995. Aunque ésta podría haber sido una oportunidad histórica para que todos los Estados hubieran podido participar abiertamente y sin discriminación para conseguir el pleno desarrollo de sus pueblos, eso no se produjo. La reunión de Bretton Woods fue una nueva repartición del poder entre las potencias económicas, de la que sobresalía la hegemonía ya imperante, por aquel entonces, de los Estados Unidos de América. Europa Occidental, gracias al plan Marshall auspiciado por la potencia norteamericana, se recuperó del conflicto mundial, cosa que no sucedió con África, Asia o Latinoamérica.
Inicio de la actual crisis de la deuda externa
A finales de la década de los 60 los EEUU entran en una crisis económica debido a la pérdida de competitividad de sus productos en el escenario internacional (lo cual origina un importante déficit comercial, ya que empieza a importar más de lo que exporta). A ello se une que la Casa Blanca se ve embarrancada en una guerra sin tregua al comunismo, en ese momento en Vietnam (guerra que originó un enorme déficit presupuestario en las arcas norteamericanas). El doble déficit, comercial y presupuestario, obliga a la administración Nixon a romper la baraja del ‘equilibrio’ financiero devaluando por dos veces el dólar, la moneda de referencia en el sistema financiero internacional desde los acuerdos de Bretton Woods. Con ello se rompen las paridades fijas entre monedas y, de esta manera, los EEUU consiguen internacionalizar su crisis financiera interna. Crisis que no querrán acarrear los países exportadores de petróleo, los cuales, para compensar la devaluación del dólar, aumentan de manera exponencial el precio del petróleo en el escenario internacional. Con un petróleo mucho más caro, el mundo occidental entre en una crisis productiva sin precedentes que durará durante toda la década de los 70 y parte de los 80. Por su parte, los países exportadores de petróleo, invaden los bancos de los dólares conseguidos por el elevado coste del crudo. Estos ‘petrodólares’ no pueden invertirse en las economías del Norte debido a la crisis imperante.
Así las cosas, la banca privada necesita un nuevo mercado donde invertir: ¿dónde mejor que en un Sur ávido de recursos financieros para desarrollar sus economías? En ese momento pues, tanto la banca como los Estados del Norte prestan ingentes cantidades de dinero, los primeros para ‘reciclar’ esos petrodólares, los segundos con la intención de abrir nuevos mercados donde poder exportar y, así, poder salir de su crisis productiva. En los años siguientes este Sur endeudado se encontraría ya en una telaraña en la que empezaría a pagar en servicio de la deuda (retorno del capital más intereses) mucho más de lo que recibiría como Ayuda Oficial al Desarrollo. Así, por ejemplo, desde los 80 los países empobrecidos han pagado 7 veces lo que debían en 1980 y, sin embargo, la deuda se ha multiplicado por 4 veces, ya que principalmente lo que se han pagado han sido intereses sobre intereses de nuevos créditos que han servido para refinanciar una deuda anterior.
Los Planes de Ajuste Estructural y el Consenso de Washington
Ante una situación tan insostenible hubo algunos países que declararon no poder pagar la deuda, como México en 1982. La respuesta de la comunidad y los organismos internacionales fue la de renegociar las deudas a cambio de que los países endeudados aplicasen los Programas de Ajuste Estructural (PAE), que se ‘vendieron’ como la receta mágica que deberían ayudar a estos Estados a salir de la crisis causada por la espiral de la deuda. No obstante, los PAE no supusieron un efecto de mejora de las condiciones económicas de estos países, sino que acabó o no generando ningún efecto, o empeorando las ya inestables condiciones macroeconómicas de los países.
Las políticas macroeconómicas que se adoptaron con los PAE encuentran su fuente de inspiración en los principios del así llamado Consenso de Washington que consisten en:
• disciplina fiscal, que garantice un excedente presupuestario;
• desvío de las prioridades del gasto público en dirección a las áreas más productivas;
• reforma impositiva encaminada a bajar las tasas de impuestos;
• liberalización de los mercados financieros;
• mantenimiento de tipos de cambio estandarizados y competitivos;
• liberalización del comercio, supresión de las contingencias y baja de aranceles aduaneros;
• igual tratamiento a las inversiones extranjeras directas que a las internas;
• privatizaciones;
• desregulaciones, también de los sectores con fines sociales;
• garantía de los derechos de propiedad.
Estos planes, aconsejados por el FMI y el BM, han constituido una forma de intervención en la política económica de los países del sur muy fuerte y condicionada sobre todo, a la concesión de préstamos y ayudas económicas. La diligente aplicación de estas medidas conllevó un aumento del endeudamiento por parte de estos países que siguieron necesitando créditos que se les otorgó por parte del norte y que tenían la finalidad de poder internacionalizar aún más sus propias economías.
Es de destacar que en este proceso no solo hay una élite del Norte que obliga, condiciona, acciona según sus propios intereses, sino que existe y ha habido una complicidad con las élites dirigentes del Sur, que para poder seguir manteniendo el poder y el control en sus propios países, han ofrecido su soporte y colaboración para la aplicación de recetas neoliberales y poderse, al mismo tiempo, enriquecer personalmente sin cambiar las condiciones económicas de sus poblaciones que siguen encontrándose en una situación de pobreza. Unos ejemplos: Suharto en Indonesia, Marcos en Filipinas, los generales Argentinos durante la dictadura.
No todo es limpio
Uno de los aspectos que caracterizan las relaciones desiguales entre Norte y Sur es el efecto que éstas conllevan en el medioambiente. Aunque se sabe que el Sur debe al Norte una enorme deuda externa, nunca se habla de la deuda ecológica que el Norte le debe al Sur por apropiarse de los recursos y por contaminar el medio ambiente. Desde el principio de la época colonial el Norte ha estado sistemáticamente expoliando los recursos a las entonces colonias, territorios que curiosamente hoy coinciden con lo que denominamos Sur.
El Norte no se ha planteado seriamente los impactos medioambientales de este expolio sistemático de recursos naturales. No ha incorporado en su economía las externalidades que conlleva el actual modelo de desarrollo al no querer considerar los impactos medioambientales relacionados con la implantación de industrias en áreas no contaminadas como son los parques nacionales, las reservas naturales o los bosques amazónicos, por no citar lugares únicos con una biodiversidad extraordinaria. Así como el Norte exige al Sur que le pague la deuda que es consecuencia de todos los créditos otorgados, de la misma manera el Norte debería restituir al Sur le enorme deuda ecológica, de la que es deudor, por el modelo de desarrollo que está imponiendo en cualquier rincón del Planeta.
No sólo por una cuestión histórica, sino que a raíz de los datos sobre el cambio climático y el calentamiento del Planeta, la preservación del medioambiente será crucial y ya lo es para la supervivencia no sólo de nuestra generación, sino que también para las futuras.
Gobernanza mundial
Actualmente, entre el Norte y el Sur no existe ningún mecanismo de restablecimiento de la equidad de relaciones entre estas dos partes del planeta. El Norte desarrolla su función de cerebro, dentro de un autómata global terrestre, dejando para el Sur que sea su cuerpo, que lo alimente económica y materialmente, sin tener ninguna consideración en la sostenibilidad del sistema, por no decir en proveer un bienestar más generalizado.
En el ámbito político internacional, la ONU está en crisis desde hace una decena de años. No es posible conseguir que se tomen decisiones para el bien de toda la comunidad internacional, ya que el proceso de debate está afectado por bloqueos debidos al sistema de vetos dentro del Consejo de Seguridad, y a la predominancia de los intereses de ciertos países sobre otros.
Aunque los países africanos, latinoamericanos y asiáticos hayan intentado cuajar, a lo largo de los últimos 50 años, la formación de un bloque de países del Sur, no se ha obtenido el efecto deseado. Han sido varios los intentos en el período de la guerra fría (1945-1989) como la formación de los países no alineados, durante la conferencia de Bandung en 1955, así como el liderazgo de Nasser, para citar algunos ejemplos. En los últimos años ha habido algunos intentos para hacer frente a los países del Norte, con Chávez y el ALBA, la Alternativa Bolivariana para América Latina, en la punta de lanza, intentando aglutinar a los países fuertes del área, como son Argentina y Brasil. Los resultados de esta iniciativa están aún por ver…
Modelos culturales exportados y alternativas
Con la Globalización se ha puesto en marcha todo un proceso de puesta al centro de una sola forma de desarrollo posible, que con el tiempo se ha visto acompañada de unas matices un poco contradictorias, como el paradigma de desarrollo sostenible. Aunque vivamos en un entorno donde el sistema capitalista ha actuado de manera que puede apropiarse de todo lo que se pueda comprar y vender, no se ha dejado el espacio para que cada población elija su propia manera de desarrollarse, obligando a todos lo países a sumarse al carro del neoliberalismo con sus relativas consecuencias.
No obstante existen movimientos sociales y corrientes de pensamiento que creen que se puede plantear y realizar otra forma de entender las relaciones entre el Norte y el Sur. En el continente latinoamericano se ha empezado a formar una coalición de Estados cuyos gobernantes tienen el objetivo específico de contrarrestar el modelo de desarrollo impuesto por Estados Unidos y el Norte en general, con un modelo propio de desarrollo local distinto, que varié según las variables locales. Venezuela y Bolivia han empezado a construir sinergias en el continente para poderse ayudar recíprocamente y proponer una alternativa a los tratados de libre comercio que desde hace tiempo Estados Unidos van proponiendo+ a estos países.
El ALBA, la Alternativa Bolivariana para América Latina, parece encontrar seguidores. El ALBA parece haber impulsado otros cambios en las relaciones del Cono Sur con el Norte: Argentina, Brasil y los países Andinos parecen haber tomado con más fuerza la decisión de oponerse a un modelo de desarrollo impuesto para apostar a un modelo que tenga en cuenta sus propias exigencias de impulsar el desarrollo de determinados ámbitos locales. Y precisamente ésta es una manera de plantear las alternativas a este tipo de relaciones entre estos dos lados del Planeta, intentar equilibrar las relaciones de fuerzas para que todo puedan expresar, con su propia voz y según sus necesidades, lo que quieren ser en futuro, como quieren desarrollarse, sin imposiciones o razones de Estado o de fuerza mayor.
De aquí surgen muchas propuestas para retocar lo existente o proponer nuevas ideas, de lo que ya está puesto en marcha se trataría de efectuar una cooperación al desarrollo que tenga más calidad, que se acerque más a las necesidades reales de las poblaciones locales, y no solamente a los del país donante; para contrastar el modelo nihilista del comercio a toda costa que minimiza aún más los costes, existe ya un tipo de comercio que se tiene que fomentar o por lo menos considerar los conceptos que plantea, de dignidad y de remuneración justa, para llegar para que todos los sectores dejen de explotar a gente durante la cadena productiva, el comercio justo y finalmente proponer un desarrollo que venga desde dentro de los países y
que no sea propuesto desde arriba después de muchas estadísticas, un desarrollo endógeno, que recoja las propuestas locales, de las comunidades, que se vaya dibujando a partir de la gente y para la gente misma.
Aunque no salga en las televisiones del Norte, las poblaciones del Sur nos han demostrado, especialmente las latinoamericanas, que se pueden revertir ciertos órdenes para poder exigir más libertad, dignidad y de poder decidir sobre sus futuros. Quizás esto sí que se debería exportar a nuestro Norte tan dormido y aficionado a mantener el status quo.
Eva Veroli
POBREZA Y DESIGUALDAD
MARÍA ANABEL GARCÍA NEILA
La pobreza no se entiende por igual en el mundo. Existe un Norte rico y un Sur pobre. Más de tres cuartas partes de los seres humanos viven en el Sur, con una renta por cápita muy baja. De ellos, más de 1000 millones de personas se encuentran en la pobreza absoluta: pasan con un dólar al día, padeciendo hambre y desnutrición.
La población de estos países tiene una esperanza de vida muy corta, alta proporción de analfabetismo, dificultad de acceso al agua potable, elevada mortalidad infantil y se enfrentan a enfermedades como la malaria y el SIDA.
Miles de ciudadanos de los países del sur emigran cada año hacia el Norte con la esperanza de salir de la miseria. Como inmigrantes realizan los trabajos que nadie quiere y tienen que enfrentarse además al rechazo y la xenofobia.
El problema de la pobreza está estrechamente relacionado con el problema de la desigualdad entre ricos y pobres. No es tanto una cuestión de escasez, sino de distribución injusta de la riqueza. Basta un dato para hacernos una ida de esto: los ingresos de los 1000 millones de personas más ricas del mundo son 150 veces mayores que los ingresos de los 1000 millones de personas más pobres del planeta.
Causas de la pobreza del Sur.
Muchos de los países de Sur no sólo son ricos en tradiciones culturales, sino también en abundantes recursos naturales, como petróleo, minerales, reservas forestales, etc ¿Cómo se explica entonces su pobreza económica? Ésta no se debe a un destino irremediable ni es un hecho inevitable. En buena parte es obra del ser humano. La pobreza del Sur es en parte consecuencia de un proceso histórico de exclusión y marginación política y económica del Sur. Determinadas decisiones políticas y económicas han sido tomadas por los países ricos del Norte en función de sus propios intereses sin tener en cuenta a los demás países. La riqueza de Norte se ha producido a costa del empobrecimiento del Sur. Entre las causas que han provocado o agravado la pobreza del Sur destacan:
Herencia colonial: hasta épocas relativamente recientes, la mayoría de los países del Sur han sido colonias dependientes políticamente de algún país del Norte. Los países colonialistas no estaban interesados en el desarrollo de sus colonias, sino en la obtención de materias primas para su industria. La economía actual de esos países no ha cambiado mucho a pesar de la independencia política.
El comercio mundial: se basa en un intercambio injusto y desigual: Las materias primas representan el 80% de las exportaciones des Sur, pero son las compañías multinacionales del Norte las que controlan el mercado y deciden los precios. El precio de las materias primas no ha dejado de bajar en los últimos 20 años. En cambio, el Norte vende sus productos industriales cada vez más caros y se protege de los del Sur por medio de aranceles muy elevados, marginando al Sur del comercio mundial.
La elevada deuda externa: la deuda de los países del Sur supone el mayor obstáculo actual para su desarrollo. Los países endeudados tienen que dedicar la mayor parte de los ingresos de sus exportaciones al pago de la deuda y de los intereses abusivos. El esfuerzo económico para pagar la deuda afecta a la población de estos países, pues los salarios son muy bajos, gran parte de la producción se destina a la exportación, restringiéndose el comercio interno, y se pueden dedicar muy pocos fondos a la sanidad o la educación.
Ante tan lamentable situación, los países del Norte tendrían que ayudar a los países del Sur, pero no es así; en realidad, el Sur da más al Norte que el Norte al Sur. El Sur paga elevados intereses por la deuda, capitales que se fugan hacia los bancos del Norte en busca de mayor interés y seguridad; el Sur sirve de almacén para los residuos de la industria del Norte; da grandes beneficios económicos para las empresas multinacionales del Norte; también da productos primarios y mano de obra para la industria muy baratos; y finalmente cerebros que huyen hacia el Norte ¿Qué da el norte al sur? Ayuda insuficiente, residuos industriales contaminantes, altos aranceles y barreras comerciales para proteger su industria, productos industriales y tecnología a precios muy altos y frenos a la inmigración.
Por todo lo expuesto, creo que se tendría que establecer un nuevo orden mundial económico y humano, basado en la cooperación y el interés común y con un objetivo principal: acabar con la pobreza y con la marginación del Sur. Esto no es una utopía , sino una necesidad cada día más apremiante frente a los crecientes peligros que amenazan la supervivencia común. Este nuevo orden mundial es necesario por razones de justicia, pero también para asegurar la supervivencia y el bienestar de todos.
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