
La Primera Guerra Mundial
Antes de la Gran Guerra o Primera Guerra Mundial (1914-1918) hubo conflictos que duraron más e involucraron igual número de naciones. Pero ésta es la primera oportunidad en que no sólo se enfrentan ejércitos profesionales, sino pueblos enteros.
El enfrentamiento puso término a un largo período de tranquilidad conocido como la "paz armada", que descansaba sobre dos cimientos: el potencial bélico y una intrincada red de pactos secretos entre los estados.
Iniciado por consideraciones de seguridad nacional y de prepotencia individual, terminó siendo un conflicto ideológico entre países con una visión democrática del mundo e imperios hostiles a estos ideales.
Luego de cuatro años de sufrimiento, que dejaron por lo menos diez millones de muertos y más de veinte millones de heridos, se alcanzó una paz inestable, que llevaba en su seno los gérmenes de la Segunda Guerra Mundial.
La paz armada
Durante un largo período, entre 1871 y 1914 la paz reinó en la mayor parte de Europa. La excepción fue la región de Los Balcanes, la más orienta de las penínsulas europeas de Mar Mediterráneo.
Sin embargo, esta paz se asemejaba a la calma aparente que muestran los volcanes antes de entrar en erupción. De hecho, el período a que nos referimos ha recibido de los historiadores el elocuente nombre de paz armada, ya que entre las naciones europeas existían muchas rivalidades en materia económica y debido a que las pretensiones colonialistas de unos y otros chocaban en múltiples oportunidades. Además, el auge de los sentimientos nacionalistas en diversas regiones aportaba su cuota de tensión.
En los siglos XVII y XVIII el escenario europeo había tenido cuatro protagonistas: Inglaterra, Francia, Austria y Rusia. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XIX se habían incorporado otros dos actores, que reclamaban un rol de importancia. Se trata de Italia y Alemania, que lograron en corto tiempo un espectacular desarrollo económico y humano. La situación había cambiado en el continente, cosa que no agradaba mucho a las potencias tradicionales como Francia y Rusia, quienes no querían ver su posición disminuida.
Armonía de los tres emperadores
En esa época, la paz tenía la fragilidad de un cristal. Para mantenerla, se recurrió a un impresionante despliegue de maniobras diplomáticas, que tuvo por resultado la constitución de diversas alianzas, que dejaron el continente europeo dividido en bloques de poder. Claro que la red de pactos era tan compleja, que desorientaba aún a los más expertos. Por este motivo, deberemos conformarnos con hablar de las principales alianzas, sin adentramos en más profundos laberintos. Tras la guerra de 1870-71, entre Francia y Alemania, en la que esta última había obtenido una lucida victoria, los bloques políticos se hicieron más sólidos y pasaron a constituir una pieza clave de la política internacional en la zona.
Otto von Bismarck, (en la imagen) Canciller alemán, fue la figura más destacada e influyente del período situado entre 1870 y 1890. Los éxitos guerreros habían dado al joven Imperio alemán la categoría de primera potencia militar en Europa. Sin embargo, este prestigio traía aparejadas algunas dificultades. Francia, derrotada, comenzó a alimentar un hondo resentimiento y un gran deseo de revancha. Pero eso no era todo. Para mantener el sitial recientemente ganado, Alemania necesitaba contar con buenos aliados. Empeñado en conseguirlos. Bismarck, puso en acción su formidable genio diplomático, propiciando un acercamiento hacia Austria. Ya años atrás, en 1866. el ejército prusiano había vencido a los austríacos, pero había tenido el buen tino de no imponer condiciones demasiado humillantes a los derrotados. De esta forma la Alemania unificada, que contaba con Prusia como núcleo principal, tenía la la puerta abierta para entenderse con su antiguo enemigo. En 1872 se celebró una entrevista en Berlín, entre los emperadores Guillermo I de Alemania y Francisco José, del Imperio austrohúngaro. También el zar de Rusia, Alejandro II, quiso participar en el encuentro y así nació lo que se conoce como la "armonía de los tres emperadores". En esta liga, Alemania tuvo el rol predominante y Bismarck, muy satisfecho, declaró que "la Europa reconocía al nuevo imperio alemán como el baluarte de la paz general".
La Triple Alianza
La armonía de los tres emperadores no duró mucho tiempo. La manzana de la discordia fue un conflicto que estalló en los Balcanes.
En 1877 Rusia entró en guerra con los turcos que dominaban, la península logrando la victoria. Tras el enfrentamiento, se firmó el Tratado de Berlín. En dicho acuerdo, a pesar de que Rusia ostentaba la calidad de vencedora no obtuvo todas las ventajas que esperaba. Durante la conferencia de paz, Bismarck no hizo nada por apoyar las pretensiones rusas. El zar, resentido, acusó a Bismarck de haber "olvidado sus compromisos". La armonía de los tres emperadores se había trizado.
A partir de ese momento, Bismarck comprendió que debía preocuparse no sólo de Francia, sino también de Rusia. La salida más aconsejable fue reforzar su amistad con Austria, con la que firmó un nuevo tratado secreto, de carácter defensivo. A este pacto se incorporó más tarde Italia. con lo que nació la Triple Alianza, firmada en Viena el 20 de mayo de 1882.
La Triple Entente
Francia y Rusia quedaron virtualmente aisladas luego de la constitución de la Triple Alianza. Esto no agradó para nada al zar. A pesar de los roces que habían tenido, se resistió a cortar definitivamente sus vínculos con la vigorosa Alemania. Por esa fecha, Rusia tenía un nuevo gobernante, el zar Alejandro III, que fue coronado en 1881. Bismarck hizo valer sus buenos oficios y este emperador ruso firmó un acuerdo con Guillermo I, por el cual se comprometió a mantenerse neutral en el caso de que una potencia extranjera atacase a Alemania, Dicho pacto secreto fue el último triunfo diplomático de Bismarck, quien fue alejado de su cargo en 1890. En Alemania también había subido un nuevo emperador, Guillermo II, que encarnaba la ambición imperialista que, por ese entonces alimentaba el pueblo alemán.
La caída de Bismarck no pasó inadvertida a los otros Países europeos. Sin el astuto Canciller, Alemania ya no parecía tan temible. Dadas las circunstancias, Francia y Rusia no tardaron en estrechar sus lazos de amistad. Llegaron así a pactar una alianza en 1892, la cual tenía un carácter puramente defensivo.
A esta amistad anglo-rusa adhirió años más tarde Inglaterra, preocupada por el creciente poder de Alemania. Así, para mantener el equilibrio con la Triple Alianza, surgió este segundo pacto conocido como la Triple Entente, o Triple Entendimiento, entre Francia, Rusia e Inglaterra.
El polvorín de los Balcanes
En las décadas previas a la Primera Guerra Mundial, el polvorín de Europa estuvo en la península de los Balcanes. En la actualidad se encuentran allí los estados de Rumania, Albania, Yugoslavia, Bulgaria, Grecia y parte de Turquía. Por el año 1910, sin embargo, el panorama en la región era diferente. Yugoslavia, por ejemplo, aún no existía, pues sólo se constituyó como país en 1919. En cambio, habían estados hoy desaparecidos. Entre ellos podemos citar a Serbia y Montenegro.
Los acontecimientos de los Balcanes, que según los entendidos constituyeron uno de los antecedentes inmediatos de la guerra europea son bastante complejos. Para comprenderlos es necesario tomar en cuenta que, por aquel entonces, los sentimientos nacionalistas eran un elemento importante en el panorama político. Si bien para algunos el nacionalismo era sinónimo de soberanía de un pueblo, para otros tenía un sentido más amplio. Entre estos últimos habría que citar a muchos patriotas alemanes que consideraban la nacionalidad como la agrupación étnica de los pueblos, aun cuando éstos estuvieran divididos por diversas fronteras políticas. Esto es lo que se conoce como la doctrina del pangermanismo. Pero los alemanes no eran los únicos que alimentaban ideas de este tipo. Entre los rusos existían corrientes similares, las paneslavistas que pretendían unir al Imperio ruso las naciones eslavas de Europa y los Balcanes.
A lo anterior hay que agregar el hecho de que los Balcanes y sus pueblos cristianos habían sido dominados durante mucho tiempo por los turcos musulmanes. Sin embargo, en la época que nos ocupa. Turquía se había debilitado y los cristianos ansiaban liberarse.
Las guerras balcánicas
Turquía aún tenía suficiente fuerza para combatir con éxito a los pueblos balcánicos por separado. Sin embargo, era demasiado débil para hacer frente a una coalición, Aprovechando este estado de cosas, en 1912, Serbia, Montenegro, Grecia y Bulgaria aunaron sus fuerzas para combatir a los turcos. En tres semanas habían logrado una victoria espectacular barriendo a Turquía del continente europeo casi por completo. (Al finalizar la primera guerra balcánica, el emperador alemán Guillermo II -en la foto-apoyó las pretensiones expansionistas de Austria)
Europa entera quedó sorprendida con la fulminante derrota turca. Sin perder el tiempo las potencias europeas se dispusieron a tomar cartas en el asunto. En la región se había producido un vacío de poder que muchos quisieron aprovechar.
Naturalmente, el asunto no era sencillo. Surgieron importantes puntos de fricción. Por ejemplo, Serbia reclamó la zona que hoy es Albania. Lo grave es que también Austria tenía pretensiones sobre ese territorio, de modo que se opuso vehementemente a los deseos serbios. Para ello contaba con el apoyo de sus aliados Alemanes e italianos. Claro que Serbia tampoco estaba sola. Disfrutaba de la simpatía de Rusia, que le dio su respaldo. La tensión subía minuto a minuto. Incluso muchos pensaron que estallaría una guerra a gran escala. Sin embargo, el peligro se disipó.
Finalmente, los países balcánicos se dieron cita en Londres para dictar la paz a Turquía. Claro que quedaba por resolver el asunto de la repartición de los territorios ganados. Y en eso estaban cuando Bulgaria decidió tomar la iniciativa... y las armas. Sin previo aviso atacó a Grecia y Serbia, dando comienzo a la segunda guerra balcánica
Una vez más, las potencias europeas tomaron partido. Alemania y el Imperio austro húngaro brindaron sus simpatías a Bulgaria, mientras Rusia y Francia se inclinaron por Serbia. El conflicto acabó con la derrota búlgara. La paz se firmó en Bucarest, en agosto de 1913. Se dice que las partes no quedaron muy satisfechas con el acuerdo y, de hecho, en el espíritu austríaco siguió latente el deseo de aplastar de una vez por todas a Serbia.
La carrera armamentista
Durante el período de la paz armada, las tensiones fueron tantas que en realidad debería hablarse de un estado intermedio entre la paz y la guerra. Si los cañones no eran los que llevaban la voz cantante en Europa, era sólo debido a los grandes esfuerzos de la diplomacia por mantener un cierto equilibrio de poderes. De hecho, en general reinaba un gran temor al estallido de una guerra. Y esto tenía una explicación lógica. Durante el enfrentamiento franco-prusiano de 1870, había quedado claro que, a partir de ese momento, las batallas no involucrarían sólo a los militares, como ocurría en la antigüedad. Serían naciones completas las que se verían envueltas en la movilización bélica. Los progresos en el campo de las máquinas de combate hacían que la guerra cobrara un rostro cada vez más amenazador, capaz de poner en jaque el porvenir de toda una nación.
Sin embargo, las potencias se vieron embarcadas en una vertiginosa carrera armamentista. Alemania, temerosa de sufrir un ataque francés de revancha, se preparaba concienzudamente para un eventual enfrentamiento. Los otros imitaban su ejemplo, para no quedar en posición de desventaja. Según un historiador, por ese entonces "las naciones mantenían, en tiempos de paz, ejércitos más considerables que antiguamente en tiempos de guerra
Las cifras vienen a corroborar lo anterior. Alemania, por ejemplo, contaba con más de 600 mil hombres de armas a fines del siglo XIX. El ejército francés tenía unos 550 mil soldados, el austríaco casi 400 mil y el ruso superaba el millón trescientos mil efectivos.
A esto hay que sumar el arsenal militar, que se hacía más sofisticado a medida que progresaba la técnica. Fusiles, cañones, ametralladoras acorazados y buques torpederos llenaban el inventario, que cada día lucía nuevas piezas como submarinos, dirigibles y aeroplanos. Como este material bélico debía ser renovado y actualizado permanentemente, resulta fácil comprender que absorbiera una tajada considerable de los presupuestos de las naciones.
La voz del pacifismo
Ante este inquietante panorama, no faltaron pacifistas que alzaron su voz para pedir una paz verdadera y sólida entre los estados. Ellos consideraban que los impresionantes preparativos bélicos terminarían por conducir al desastre, y pensaban que dicho peligro debía desterrarse.(En la foto, las manifestaciones pacifistas, como la que muestra la ilustración, no lograron impedir el estallido de la guerra en 1914)
La propaganda pacifista se centraba en puntos que aún hoy siguen en plena actualidad. Se pedía a los gobiernos llegar a un acuerdo para lograr el desarme o, al menos, a la limitación de los armamentos. También se abogaba por recurrir al arbitraje, como medio de solucionar las controversias internacionales.
Inglaterra dio un buen ejemplo en este sentido al someter a arbitraje un conflicto con los Estados Unidos. Este último país exigía una indemnización a los ingleses, por haber dejado armar en sus puertos, durante la Guerra de Secesión un barco sudista llamado "Alat bama". El tribunal dio la razón a los norteamericanos y el fallo fue acatado por Inglaterra. El Ministro inglés Gladstone, entonces, declaró: "Esta herida de amor propio pesa lo que un grano de polvo en la balanza, comparada con el valor moral de este ejemplo: dos grandes naciones entre las más fieras y las más sensibles al sentimiento patriótico, que vienen por su propia voluntad ante un tribunal lealmente escogido, en lugar de atenerse al juicio de la espada".
El Tribuna de la Haya
Hacia fines del siglo XIX se dio otro paso importante en pro de la paz por invitación del zar Nicolás II de Rusia., los representantes de 26 gobiernos se dieron cita en la ciudad de La Haya (Holanda) para buscar la forma de reducir los armamentos. Esta conferencia internacional se realizó en 1899, pero desgraciadamente no logró sus objetivos. Sin embargo, dio un fruto muy positivo. Se instituyó un tribunal permanente de arbitraje, ante el cual se han ventilado muchos casos y que continúa vigente hasta nuestros días.
Estas iniciativas pacifistas no fueron suficientes para evitar que los países recurrieran al viejo método de la violencia. El germen de la guerra venía incubándose desde hacía mucho y nada fue capaz de impedirle brotar en 1914.
Asesinato en Sarajevo
El sistema de equilibrio político conocido como paz armada había convertido a Europa en un campo minado que podía explotar en cualquier momento.
El estallido se produjo en la península de los Balcanes y el detonante fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando(en la imagen junto a su familia) (sobrino del emperador Francisco José y heredero del trono de Austria-Hungría) en Sarajevo, capital de la provincia de Bosnia (28 de junio de 1914).
El crimen fue obra de militantes de un grupo terrorista servio conocido como "La Mano Negra", cuya cabeza principal era el jefe del Servicio de Inteligencia del Estado Mayor serbio. Es decir, el hombre que tenía por misión descubrir a los espías.
Francisco Fernando había viajado a los Balcanes para participar en las maniobras militares del ejército austriaco en Bosnia, territorio de población eslava anexionado por Austria en 1908.
Primer atentado
El 28 de junio, ya finalizadas las maniobras, el archiduque y su esposa asistieron a una ceremonia en la alcaldía de Sarajevo. Cuando el cortejo que lo acompaña cruzaba la ciudad en dirección a ese lugar, un nacionalista servio infiltrado en Bosnia lanzó una bomba contra el carruaje que lo conducía, pero sólo dañó al coche que iba tras el del archiduque. El agresor fue detenido mientras gritaba: "¡Soy un héroe, soy un héroe!"
En la alcaldía, durante la ceremonia, el alcalde leyó un discurso donde cantó la lealtad de los bosnianos al imperio. El archiduque no se contuvo y le interrumpió: "¿Cómo? ¡Vengo como visitante y se me recibe con bombas!"
Para prevenir otro atentado se cambió la trayectoria de regreso, pero desgraciadamente se eligió una calle en que había apostado otro nacionalista serbio, que disparó contra el archiduque y repitió el tiro contra su esposa, que recibió la bala en el estómago. Agonizante, Francisco Fernando balbuceó a su mujer:"¡Sofía, Sofía, no te mueras, por nuestros hijos!".
Sarajevo recibió la noticia del atentado con estupor, sin alegrarse por la muerte del archiduque. Tanto fue así que el asesino casi fue linchado por la multitud, debiendo ser rescatado por la policía.
En cambio, en Viena la noticia fue recibida con alivio, pues nadie quería al archiduque. Hasta muerto, el odio de la corte se ensañó con él. Como último gesto de menosprecio, se le organizó "un entierro principesco de tercera clase".
La II Segunda Guerra Mundial
El 8 de mayo de 1945 Alemania firma su rendición incondicional ante las fuerzas aliadas en Tiempos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) marcando el término del conflicto. Distanciada sólo 21 años de la Primera (1914-1918), es considerada una de las mayores tragedias vividas y provocadas por el hombre, pues en ella se vieron involucrados, directa o indirectamente, 56 países, con un costo para la humanidad de 36 millones de muertos.
PREAMBULO
La Italia de Mussolini
Finalizada la Primera Guerra Mundial (1914-1918), el rostro de Europa había sufrido notables transformaciones. En lugar de las 17 monarquías y tres repúblicas que existían antes del conflicto, quedaron 13 monarquías y 14 gobiernos republicanos. El cambio de sistema político en gran parte de Europa, sumado a los estragos materiales ocasionados por la guerra, dio origen a un tiempo de inestabilidad política y social en muchos países de la región.
Italia era una de las naciones que no había quedado muy conforme con la repartición de territorios hecha en virtud del Tratado de Versalles en 1919. Los italianos obtuvieron sólo los territorios de Trento y Trieste, cuando aspiraban a ganancias mucho mayores. Por otra parte, la miseria reinaba en los campos y la carestía azotaba las ciudades, haciendo crecer el descontento popular.
Fue en medio de este panorama que los socialistas ganaron las elecciones de noviembre de 1919. Con ellos en el poder, y ante la ineficacia de los poderes públicos, el movimiento obrero cobró mayor fuerza y fábricas fueron tomadas por los trabajadores, llegando a producirse una verdadera sublevación social.
El fascismo entra en Escena:
Fue en el contexto antes descrito que surgió una figura dispuesta a hacer frente a los avances del marxismo: Benito Mussolini. Este hombre, que en su juventud había sido albañil, labrador, herrero, y maestro, pasaría a la historia como el forjador del fascismo, ideología que llegó a instaurar una de las dictaduras más implacables de la historia. Mussolini fundó en 1914 un periódico, "Il popolo d'Italia", tribuna que utilizó para incitar la entrada de Italia a la Primera Guerra. Al término del conflicto bélico, creó una unión de ex combatientes bautizada como "Fascio di combatimento". De este grupo nació el movimiento fascista, de cuño nacionalista y anticomunista. Los fascistas declararon la lucha al comunismo y al débil gobierno de la época, organizando expediciones a los pueblos italianos, donde obligaban a dimitir a los alcaldes socialistas.
La Marcha de los "camisas negras": En mayo de 1921, Mussolini fue elegido diputado por Milán. Al año siguiente, el partido fascista se reunió, criticando ferozmente la neutralidad del gobierno en el conflicto "entre las fuerzas de la nación y las de la antinación". La cosa no quedó ahí, y llegaron a exigir la disolución del parlamento.
Mussolini estaba dispuesto a llegar al poder. Organizó una movilización general de los fascistas, conocidos como los "camisas negras", que marcharon sobre Roma en octubre de 1922. Los edificios públicos cayeron en poder de ellos, sin ofrecer mayor resistencia. El gobierno quiso dictar el estado de sitio; sin embargo, el rey Víctor Manuel III no se atrevió a firmar el decreto, por miedo a desencadenar una guerra civil. De esta forma, el gobierno cayó, produciéndose una crisis que culminó con Mussolini a la cabeza de un nuevo Ministerio. Los camisas negras habían triunfado. Desde entonces, el poder ejecutivo quedó en manos del "Duce", apelativo que significa líder y que identificó a Mussolini durante su vida pública.
Mussolini implantó una dictadura fascista definitivamente en 1925. Su régimen fue nacionalista y totalitario. La economía se organizó en base a corporaciones gremiales que agrupaban a obreros y patrones. El corporativismo es una de las características principales que identificaron al fascismo. La preparación militar de la población fue otro de los objetivos de Mussolini. Ya los niños pequeños, de cinco a 12 años, comenzaban a ser educados en este espíritu en las milicias. También había milicias de adolescentes entre 12 y 18 años, y otra para jóvenes mayores de 18.
Mussolini logró algunos éxitos económicos en cuanto a aumentos de producción y gobernó como amo y señor de Italia, destruyendo a todos los partidos no fascistas y a sus adversarios políticos.
La Crisis Económica de 1929
1929 está marcado en el calendario de la historia como el inicio de la crisis económica que sumió en la pobreza y la desesperación a millones de personas. La catástrofe financiera se inició en Estados Unidos, se expandió luego a Europa y terminó abarcando todo el mundo.
Para comprender las causas de este terremoto económico, es necesario retroceder algunos años. En el período que siguió a la Primera Guerra mundial fue necesario reparar los daños que había provocado el conflicto y en ello se ocuparon prácticamente todas las fuerzas de trabajo. En los inicios de la década de 1920 hubo gran prosperidad, por lo que la gente pensó que bonanza y paz eran dos términos que iban de la mano. Las fábricas aumentaron su producción y nuevas mercaderías se ofrecieron a las masas. La industria experimentó un auge que algunos han equiparado con una nueva fase de la Revolución Industrial.
Por otra parte, muchas personas tuvieron acceso a los productos ofrecidos gracias a un sistema de créditos. A nivel internacional, los créditos también jugaron un papel de gran importancia, ya que muchos de los proyectos de reconstrucción contaban con este tipo de financiamiento. El mismo pago de las indemnizaciones de guerra exigidas a Alemania, en virtud del Tratado de Versalles, era realizado gracias a una importante corriente de préstamos provenientes, sobre todo, de Estados Unidos y Gran Bretaña.
La corriente de créditos enviada desde Estados Unidos hacia Europa fue la causa principal del ambiente de prosperidad en el viejo continente. Pero la situación sólo podía mantenerse si los préstamos continuaban llegando. Estados Unidos era entonces el gran soporte del bienestar. Sin embargo, en el plano económico interno, la prosperidad que se vivía en ese país no poseía fundamentos muy sólidos. Todos querían enriquecerse y, cual más cual menos, especulaba en la bolsa de valores y el precio de las acciones alcanzó valores estratosféricos.
El 19 de octubre de ese mismo año los indicadores de cotizaciones de la Bolsa de Valores de Nueva York entraron en una actividad febril. Los precios de las acciones cayeron como una avalancha, creando pánico en el mundo de las finanzas. Los banqueros y hasta el propio Presidente trataron de restaurar la confianza del público, asegurando que la crisis terminaría. Pero la realidad fue otra, llegando a ser caótica. Muchos perdieron sumas enormes de dinero y la cesantía causó estragos. Se dice que la cifra de desempleados llegó a 16 millones en 1932.
Esta crisis repercutió en Europa y el resto del mundo. Estados Unidos ya no estaba en condiciones de seguir haciendo inversiones en el extranjero y el colapso se extendió rápidamente. La consecuencia inmediata fue la miseria de millones de personas, y el resultado último, que esta gente desesperada fue presa fácil de doctrinas totalitarias que les prometían recuperación material y empleo a corto plazo. Esta situación puede ayudar a comprender cómo cobraron vigor los nazis, en Alemania, con Adolfo Hitler a la cabeza.
Hitler rumbo al poder
Al cabo de la Primera Guerra Mundial, Alemania se había transformado en una República, cuyo primer Presidentes fue Federico Ebert. Este político, del ala derecha del socialismo, asumió el cargo en 1919. La tarea de gobernar no era fácil y muchos grupos políticos se disputaban el poder en ese entonces. Entre ellos se encontraban los socialistas y los comunistas.
En medio de un clima de crisis económica social, durante la década de 1920 se produjeron varios intentos golpistas. Entre ellos hay uno que mencionaremos por la importancia que más tarde alcanzó su protagonista. Se trata del fallido golpe realizado en 1923 por el presidente del Partido Nacional Socialista, Adolfo Hitler, con el apoyo de militares ultra derechistas como el general Erich von Ludendorff. Fracasado este levantamiento, Hitler fue a dar a la cárcel. Al ser liberado, decidió intentar la conquista del poder por la vía legal.
Hitler y sus ideas: Adolfo Hitler nació el 20 de abril de 1889 en Braunau, en la frontera germano-austriaca. Hitler actuó guiado por una particular visión ideológica, sin asidero científico alguno. Postulaba que según los leyes naturales, los más fuertes debían imponerse a los más débiles. También consideraba que existía una tendencia natural hacia la duración de las razas, idea en la que se basó para luchar por la pureza de la raza aria , tronco étnico de los germanos. A juicio de Hitler, los arios eran una raza privilegiada "forjadora de cultura". Los judíos, en cambio, representaban para él un pueblo destructor de esa cultura. Hitler veía en el antisemitismo un fundamento de su misión histórica. No en vano pensaba que, al defenderse de los judíos, estaba colaborando con la obra del Señor. Esto le llevó a desencadenar una implacable persecución, que comenzó por despojar a los judíos de sus bienes, continuó con su discriminación en todos los aspectos y culminó con cinco millones de víctimas en los campos de concentración.
Según Hitler, la naturaleza demostraba que existían individuos superiores a otros. Por eso, el Estado debía organizarse en base a un principio aristocrático, donde la autoridad estaría en manos del líder, de especial capacidad, en el cual el pueblo depositaría su confianza. Esto explica que Hitler utilizara el título de Führer, o líder, en el régimen totalitario que logró instaurar. Por último, es necesario mencionar que el Führer consideraba fundamental para el porvenir de Alemania la conquista de un "espacio vital" en Europa, lo que implicaba la expansión territorial.
La oportunidad de triunfo se presentó para los nazis tras la crisis económica desatada el año 1929. La población estaba angustiada por la falta de trabajo y muchos capitalistas veían con temor el avance de los comunistas, que se habían hecho más fuertes después de la Revolución Rusa. Además, había en el ejército un deseo revanchista, provocado por la dura humillación que Alemania había sufrido en la Primera Guerra Mundial. Por todo esto, la idea nazi comenzó a ser captada con simpatía por parte de las masas alemanas, que quería recuperar su orgullo nacional. Así, tras algunos períodos de pugnas políticas, el Presidente Paul von Hindenburg entregó a Hitler la jefatura del gobierno.
A los seis meses de gobierno, Hitler había logrado uniformar la política y la administración del país. También creó el Ministerio de Propaganda, a cargo de Joseph Goebbels. Pero eso no era suficiente, pues en el Parlamento aún existía gente en contra de esas ideas. Poco a poco los nazis fueron ganando terreno y se apoderaron de los puestos claves. Hermann Goering, comisario de la aviación nacionalsocialista, creó un cuerpo especial de policía, con 80 mil hombres. Se trataba de la tristemente célebre Gestapo (Geheime Staatspolizei, o Policía Secreta del Estado Nacionalsocialista). Otro organismo del mismo tipo fue la policía nazi de élite S.S (Schutz staffel). Ambas sembraron terror entre los enemigos de Hitler.
Hitler consiguió finalmente que el Presidente Hindenburg le autorizara disolver el Parlamento y llamar a elecciones para el 5 de marzo de 1933.
El Tercer Reich
El 5 de marzo se efectuaron las elecciones y Hitler obtuvo el 43,9 por ciento de los votos. La esperada aplastante victoria no se produjo y Hitler tuvo que mostrar sus cartas. Los diputados que habían obtenido los comunistas fueron apresados a medida que se presentaban en el Parlamento. En mayo, el líder nazi mandó a sus tropas a incautarse de los bienes de todas las organizaciones obreras. Pronto hubieron de sufrir la misma suerte los socialdemócratas. El 14 de julio del mismo año, el Partido Nacional Socialista fue declarado el único legal en Alemania.
En 1934 murió Paul von Hindenburg y Hitler tomó el doble cargo: Jefe de Estado y Jefe de Gobierno. Así quedó definitivamente instaurado el régimen totalitario del Führer, conocido como el Tercer Reich. No está muy claro cuáles fueron los dos Reich anteriores, pues los mismos nazis no lo tenían claro.
Política Exterior
Mientras tanto, la política internacional del Führer se concretaba en un pacto anticomunista con Japón, sellado en noviembre de 1936. Ese mismo año la Italia de Mussolini había ocupado militarmente Addis Abeba, capital de Abisinia, nación africana que hoy lleva el nombre de Etiopía. La acción fue condenada por Francia e Inglaterra, así es que Italia se acercó más a Alemania. Esta amistad quedó aún más de manifiesto cuando ambos países prestaron decidido apoyo al levantamiento de Francisco Franco contra el gobierno republicano de España, en 1936. Alemania e Italia entregaron material de guerra a Franco y también enviaron tropas especializadas a combatir en suelo español. Las otras potencias no quisieron provocar un enfrentamiento directo y se abstuvieron de intervenir en la lucha. Sólo Checoslovaquia y la Unión Soviética (ambos países desaparecidos actualmente) se sustrajeron en parte a esa política de no intervención. A pesar de lo anterior, se dice que la Guerra Civil Española fue una especie de campo de prueba, en el que se ensayaron las armas que luego habrían de usarse en la Segunda Guerra Mundial.
En 1937, Italia adhirió al pacto contra la propagación de los comunistas que ya habían firmado Alemania y Japón. Los bloques ya se perfilaban con nitidez.
Hitler siguió adelante y en 1938 Alemania anexó Austria a su territorio. En marzo de 1939 ocupó sin resistencia Bohemia y Moravia. Dos meses más tarde firmó el "Pacto de Acero" con Mussolini, por el cual Alemania e Italia se comprometieron a prestarse ayuda militar en caso de guerra. El Eje Berlín Roma quedó así sellado definitivamente. En agosto del mismo año, Hitler logró que la Unión Soviética firmase un pacto de no agresión con Alemania. Ello permitiría al Führer atacar Polonia, sin temor a una intervención soviética en el frente oriental. De esta forma, Adolfo Hitler tuvo el camino despejado. El estallido de la guerra era sólo cuestión de tiempo.
La Invasión de Polonia
La guerra
El 1º de septiembre de 1939 señaló el inicio de las hostilidades que desencadenarían, más tarde, la Segunda Guerra Mundial. En la madrugada de ese día, Alemania invadió Polonia, culminando así una prolongada campaña de agresiones. Gran Bretaña, que meses antes se había comprometido a garantizar las fronteras polacas, declaró la guerra a Alemania y, a continuación, Francia hizo lo mismo.
Es necesario recordar que al terminar el 31 de agosto subsistían aún vestigios de negociación. Hitler había aceptado recibir a un enviado plenipotenciario polaco, en tanto que Mussolini lograba un principio de entendimiento para celebrar una conferencia internacional orientada a arreglar todos los asuntos europeos en litigio. Esa noche Europa durmió mejor que las noches anteriores, en el convencimiento de que estaba franqueado el punto crítico de la crisis y que, una vez más, la paz sería la salvación del mundo.
Sin embargo, antes de la salida del sol del 1º de septiembre de 1939 las unidades blindadas alemanas cruzaron la frontera y cientos de bombas cayeron sobre las ciudades polacas. En cosa de horas fueron destruidos los aeródromos, puentes, caminos, vías férreas y la escasa fuerza aérea polaca. El impacto fue grande en toda Europa. Las radios nazis difundían noticias minuto a minuto, diciendo que su territorio había sido violado y que las minorías germanas en Polonia sufrían matanzas, situación que había obligado al ejército a intervenir. También se decía que Alemania no pretendía declarar la guerra, sino que se trataba de una expedición de castigo.
Hasta entonces se suponía que Alemania estaba todavía bajo el régimen del Tratado de Versalles, que había limitado sus tropas a un máximo de cien mil soldados profesionales, distribuidos en 10 pequeñas divisiones de infantería y caballería, y le habían prohibido tener armas acorazadas, artillería pesada, aviación y un Estado Mayor. En 1935, con la restauración del servicio militar obligatorio, Hitler había desobedecido esa imposición y desde ese momento inició un plan de rearme. En todo caso, Hitler había tomado mucho antes la decisión de invadir Polonia, pero siempre se las había arreglado para esconder sus propósitos y para distraer la atención de sus potenciales enemigos. El 31 de agosto de 1939 dio curso al llamado Fall Weiss o Plan Blanco, que debería comenzar el día siguientes a las 4:45 horas. Previamente, tres ejércitos se habían emplazado a lo largo de la frontera con Polonia.
En esta oportunidad, Alemania empleó una táctica que luego sería conocida como guerra relámpago, sistema que más tarde aplicaría en múltiples oportunidades contra las naciones que invadió. La resistencia polaca fue casi nula, ya que el mismo día del ataque germano quedó sin fuerza aérea y con sus tropas desalentadas. En dos semanas Alemania aniquiló todos los esfuerzos de defensa. Antes de un mes, Polonia desaparecía del mapa. La Unión Soviética aprovechó toda esta confusión y ocupó la parte oriental del país así invadido. Un acuerdo posterior entre el Premier soviético José Stalin y Hitler determinó el reparto de Polonia.
También en esa época la URSS se anexó Lituania, Estonia y Letonia.
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